El cuarto menú buscó integrar lugares de Guatemala al hilo conductor del tiempo y la historia que usualmente se aborda. Esto con el fin de conectar de mejor manera con los comensales y de transportarlos momentáneamente a espacios que pudieran reconocer y disfrutar. De esta forma, el menú contó con un mapa del país en el que se delimitaban los lugares y se contaba lo que había pasado en estos a través de la historia. Esto hizo que el proceso creativo del menú fuera más complejo, pues un plato no solo debía de transmitir la historia y lo que estaba pasando, sino también debía trasladar a las personas a ese espacio. Así surgieron platos como “Cuenca Mirador”, “Las Verapaces”, “Antigua Guatemala”, “Lago de Atitlán” y “La Terminal”.